Este pasado fin de semana tuve la posibilidad de visitar la ciudad de Bloomington-Normal. Aunque en realidad son dos ciudades independientes —Normal y Bloomington— actúan como una sola y prácticamente todo el mundo las llama simplemente Bloomington, ya que conforman una única área metropolitana. Como si Getafe y Leganés decidieran un día ponerse de acuerdo y llamarse todo lo mismo. Pero en americano.

Bloomington-Normal: lo que hay que saber

Con una población de unos 130.000 habitantes en toda su área metropolitana, Bloomington-Normal es la duodécima ciudad más poblada del estado de Illinois. No es Chicago, evidentemente, pero tampoco es un pueblo. Es esa categoría intermedia de ciudad mediana americana que tiene de todo lo necesario sin la locura ni el tráfico de una gran metrópoli.

La ciudad es famosa por ser sede de dos instituciones académicas importantes: la Illinois State University (Universidad Estatal de Illinois) y la Illinois Wesleyan University (de tradición protestante wesleyana). Dos universidades que marcan profundamente el carácter del lugar: Bloomington-Normal es, ante todo, una ciudad universitaria, y se nota en cada calle, en cada bar y en cada restaurante.

130.000

Habitantes en el área metropolitana

2

Universidades en la ciudad

#12

Ciudad más poblada de Illinois

Una ciudad para comer (y beber) bien

Una de las cosas que más me llamó la atención nada más llegar fue la cantidad de restaurantes que hay. En cada manzana hay cinco o seis locales distintos, y no hablo solo de comida rápida: también sitios delicatessen, restaurantes de porte medio, bares con cocina, pubs con carta… Una alegría para cualquier paladar. Las ciudades universitarias americanas tienen esa virtud: como tienen que alimentar a miles de estudiantes con gustos y presupuestos muy distintos, la oferta gastronómica acaba siendo sorprendentemente variada.

💎 CONSEJO PRO

Si visitas una ciudad universitaria americana, busca los restaurantes y bares cerca del campus. Suelen tener happy hours generosos, precios ajustados y una energía muy diferente a los locales del centro. Además, las cervezas artesanales locales suelen ser de mucha calidad y a buen precio.

Aventura en el Bistro: John, el veterano filósofo

bar en bloomington
El «Bistro», uno de los locales que visité.

Visité algunos lugares típicos de la ciudad y acabé recalando en un bar-pub local llamado Bistro, donde procedí a catar unas cuantas cervezas locales y a disfrutar del ambiente. Ambiente que, dicho sea de paso, era exactamente el que uno espera de un bar universitario americano: música a un volumen razonable, teles con deportes, parroquianos de toda condición y una oferta de pintas artesanales que invitaba a la exploración.

Fue durante mi segunda pinta cuando uno de los lugareños decidió que yo tenía cara de querer compañía y se arrancó a conversar.

Así conocí al bueno de John: un enjuto y desgarbado hombre de mediana edad con un pelo extrañamente largo que escapaba por debajo de su sempiterna gorra de veterano del ejército de los Estados Unidos. John era de esos personajes que solo existen en los bares americanos de provincias: opinión para todo, energía inagotable y una capacidad oratoria que habría envidiadocualquier tertuliano de televisión española.

La política le apasionaba. Trump era su ídolo y el hombre elegido para llevar a América a ser, en sus propias palabras, el mejor «mundo del universo«. Yo asentía con educación y pedía otra cerveza.

John trabajaba como cocinero y limpiador en un restaurante chino cercano. El pobre hombre, con pocos dientes ya, mascullaba todo tipo de insultos y quejas hacia sus jefes: turnos de 10 horas, salario mínimo, librar solo los lunes y la prohibición de comerse o llevarse las sobras a casa eran sus principales agravios. Un cuadro bastante habitual, por desgracia, entre los trabajadores de hostelería en EE.UU., donde los derechos laborales dejan bastante que desear comparados con los europeos.

John era de esos personajes que te recuerdan que América tiene muchas capas. La del sueño americano en el escaparate, y la de los que trabajan diez horas por el salario mínimo justo detrás.

— Una reflexión entre pinta y pinta, Bistro, Bloomington

Tras varios botellines de oro líquido acariciando nuestras gargantas, los ojos de John empezaron a brillar de una manera especial. Se acercó a mí con una sonrisa un tanto siniestra y me hizo una propuesta que, con todos mis respetos hacia él, no entraba exactamente en mis planes de la noche: un poco de cocaína y una visita a casa de una meretriz que nuestro querido veterano frecuentaba con asiduidad.

La oferta de 5 botellines por $5 fue sin duda mi perdición.

Aunque el plan sonaba como el comienzo de una película de los Coen Brothers, no tuve más remedio que rechazarlo con toda la diplomacia de la que fui capaz. Las drogas y el sexo de pago, como quien dice, no son santos de mi devoción.

John me dio la mano, un poco apenado, y me respondió con toda la solemnidad de un senador romano que respetaba mi decisión pero que no sabía «lo que me estaba perdiendo». Acto seguido pagó ambas cuentas —gesto que le agradecí de corazón— y desapareció en la noche dispuesto a empezar su particular juerga a la americana.

Problemas con la bofia: el momento que casi me da algo

Al poco rato me marché también del Bistro. Y fue en ese momento cuando descubrí que «tras varios botellines» era un eufemismo bastante generoso. Mi coordinación empezó a jugarme una mala pasada y cuando me senté en el coche entendí con absoluta claridad que conducir no era una opción. Ni planteármelo.

🚨 Conducir bebido en EE.UU.: tolerancia cero

En EE.UU. conducir bajo los efectos del alcohol (DUIDriving Under the Influence) es un delito grave. Las consecuencias incluyen arresto inmediato, retirada del carnet, multas de miles de dólares, posible cárcel y antecedentes penales que pueden afectar a tu empleo y tu estatus migratorio. Si has bebido, no conduzcas. Sin excusas.

Tras pasar unos veinte minutos en el coche esperando a que el mundo dejara de girar, una imperiosa necesidad de «echar todo aquello» se apoderó de mí. Salí como pude y me adentré en un callejón solitario para desembuchar el exceso de alcohol y cacahuetes que había acumulado durante la velada. La dignidad, por momentos, brilla por su ausencia.

Me recompuse como pude. Y justo cuando trataba de volver al coche, dos faros me deslumbraron: un vehículo policial sin marcar acercándose a toda velocidad. Dos fornidos agentes bajaron del coche y uno de ellos, con toda la amabilidad del mundo, espetó: «¡Las manos fuera de los bolsillos!»

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal de arriba abajo. Ya me veía protagonizando uno de esos vídeos que tanto circulan por internet. Por suerte, los agentes que me tocaron eran profesionales: sin aspavientos, sin agresividad innecesaria. El más joven se acercó, me pidió la documentación y quiso saber qué demonios estaba haciendo a las 23h en un callejón un martes cualquiera.

Una vez le expliqué la situación con toda la elocuencia que me permitía mi estado, el officer me echó una bronca razonablemente breve por haber ensuciado las calles de su ciudad y me recomendó esperar en el coche hasta estar en condiciones de conducir sin suponer un peligro para la sociedad. Consejo que seguí al pie de la letra.

🤯

¿Sabías que…?

En muchos estados de EE.UU., dormir en tu coche borracho con las llaves puestas puede considerarse legalmente equivalente a conducir bajo los efectos del alcohol y acarrear un DUI. La ley varía según el estado, pero en Illinois lo más seguro es dejar las llaves fuera del contacto si vas a esperar dentro del vehículo.

— Algo que aprendí esa noche en Bloomington

Pasada algo más de una hora, y sintiéndome ya en plenas facultades psicomotrices, emprendí el camino de vuelta a casa. Una buena ducha y un catre en condiciones me esperaban con los brazos abiertos. Fin de la aventura en Bloomington-Normal.

Una ciudad que, os lo juro, merece más que una visita. Aunque quizás con un poco menos de botellines de $1 la próxima vez.

🎯 Puntos clave

  • Bloomington-Normal merece una visita: ciudad universitaria con buena oferta gastronómica, ambiente animado y a solo hora y media de Chicago.
  • En los bares americanos conoces a gente de todo tipo: los John de este mundo están en cada bar de provincias y la conversación está garantizada. No siempre acabas aceptando sus propuestas, pero la experiencia es inmejorable.
  • Nunca conduzcas bebido en EE.UU.: un DUI puede arruinarte la vida, especialmente si eres inmigrante. Si has bebido, espera. Como hice yo. Sin llaves en el contacto.