Ayer por la tarde tuve la suerte (¡por fin!) de asistir a mi primera barbacoa casera en EE.UU. Fue una experiencia muy placentera que pude compartir con mi mujer y su familia. Me sentí acogido y partícipe en todo momento.
Para los estadounidenses, la barbacoa o BBQ, es algo más que una simple género gastronómico, es una reunión de amigos y familiares en la que comparten horas de socialización, entretenimiento, aire libre, y por supuesto, una pitanza desmesurada.
Es cierto que cada estado, condado e incluso familia, tienen establecidos sus propios rituales y tradiciones. La BBQ puede ser tan simple como cocinar unas hamburguesas a la parrilla, o tan sofisticada como la creación de ahumados y cocciones de piezas enteras durante 24h. En el estado de Illinois, por lo que he podido averiguar, las BBQ más típicas son las de parrilla de hamburguesas, salsichas, longanizas y, en menor medida, piezas de cerdo o pollo.
Una tarde entre cervezas y parrillas
La familia de mi mujer tiene la tradición de que los hombres hacen la parrilla, mientras las mujeres ponen la mesa y preparan los aperitivos y acompañamientos para las carnes. Mi suegro y yo encendimos la barbacoa usando carbón vegetal aromatizado con hickory (árbol de caria), y mientras esperábamos que las brasas estuvieran en su punto justo, estuvimos charlando y bebiendo unas cuantas hard lemonades (limonada con alcohol). Poco después pusimos las hamburguesas en la parrilla, las pintamos con una salsa especial de barbacoa con reducción de bourbon y las dejamos asarse hasta que estuvieron en un punto óptimo de cocción. Una cosa que me llamó poderosamente la atención es que, antes de sacar la hamburguesa de la parrilla, mi suegro (y otros tantos americanos) pone la loncha de queso encima de la hamburguesa para que se quede derretido y adherido a la carne.
Una vez terminamos de cocinar, llevamos las hamburguesas y salchichas a la mesa. Allí, nos esperaban diversos acompañamientos como ensalada de patatas amish, ensalada de macarrones, diversos toppings para las hamburguesas y un sinfín de frutos secos, patatas chips y dippings.
A ojo de buen cubero, cada miembro de la mesa ingirió apróximadamente unas 2.000 Kcal de una sentada. La cantidad de mayonesa, salsas, alcohol, grasas y carbos que me atrapé entre pecho y espalda, servirían para alimentar a todo un ejército.







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